viernes, enero 19, 2007

Pesado

Hay una serie de cosas que pesan, que pesan mucho en la memoria y en el corazón. Memorias antiguas, cosas que ya pasaron, que dejaron su delgada pátina de aceite en esa sartén en la que los seres humanos intentamos cocinarnos e intentamos que salga un buen plato.

Y hay días en los que este dactilófono de la vida que debe tocar cierto humorista nos toca la fibra sensible y nos hace recordar por qué intentamos ser mejores personas. Y es que verse, como decía con acierto una amiga, únicamente como potencial abono para plantas te hace preguntarte cosas. Te hace sentarte y mirarte con la clase de mirada que reservo para cualquier obra del Reina Sofía o para cualquier programa del corazón actual, mitad incomprensión y mitad desprecio por el potencial desperdiciado que no ha encontrado la fuerza o la inteligencia para nacer y crecer.

Estoy leyendo El Contrato Social, un libro que escribió un tipo que, simplemente, intentó realizar un sistema social que mejorase al que había, que se permitió creer que era posible hacer mejor las cosas. Esta altruista tarea no le salvó, obviamente, de ser perseguido y exiliado de su propio pais, pero eso es otra historia. Lo que me interesa es el hecho de que la labor que hizo le trascendió y perduró. Curiosamente, El Contrato Social fue el libro de Rosseau que menos se leyó hasta que llegó la Revolución, momento en el que de repente estaba en todos los cabeceros y en todas las bibliotecas de Francia.

Es extraño que un tratado que parte de la base de que todo ser humano es bueno y libre de nacimiento tenga el efecto de ponerme triste. No por compararlo con la sociedad actual, tan prolija para mostrar lo mejor y lo peor del ser humano, sino porque todo el esfuerzo y toda la sabiduría de su autor es poco probable que le sirviera de nada. Realmente la obra que conocemos como El Contrato Social es, según palabras del autor, un "extracto de una obra más amplia, emprendida hace tiempo sin haber consultado mis fuerzas, y que abandoné hace mucho. De las diversas partes que componían dicha obra, ésta es la más importante y la menos indigna de ser ofrecida al público. El resto ya no existe".

Ahora un texto de cierto libro maravilloso que creo que resume bastante bien cómo me siento ahora:

-"Y sin embargo nunca dejan de sembrar. Las obras de los hombres nos sobrevivirán Gimli".
-"Para terminar únicamente convertidas en polvo y cenizas, supongo".
-"De esto los Elfos no conocen la respuesta".